Recursos naturales y dependencia: revisión de conceptos y enfoques en América Latina
Mensajes clave
- Los países ricos en recursos naturales que han confiado su desarrollo al uso de la renta extractiva y al encadenamiento con otros sectores económicos no han logrado los resultados esperados. Urge entender mejor qué mecanismos explican esta falta de resultados y analizar la posibilidad de incidir sobre ellos.
- La dependencia de la explotación de recursos naturales se entiende principalmente en términos económicos, pero sus efectos se extienden a las esferas política, medioambiental y cultural, tanto a nivel nacional como subnacional. La dependencia económica genera otras dependencias que intensifican la actividad extractiva. A nivel político, genera comportamientos rentistas que moldean a las instituciones y que, a su vez, refuerzan la dependencia de la actividad extractiva.
- La clave para que la actividad extractiva contribuya al desarrollo sostenible e inclusivo radica no solo en mejorar la gestión económica, institucional y social, sino en modular la intensidad de la extracción. El número de operaciones, su escala y ritmo deben ajustarse a las condiciones políticas, sociales, ecológicas y culturales de cada país y territorio a fin de generar beneficios colectivos.
- En América Latina, el superciclo de los commodities (iniciado en el 2005) dio paso al surgimiento de visiones alternativas respecto al impacto de la explotación intensiva de los recursos naturales sobre las instituciones y la sociedad. Estos enfoques coinciden en destacar la relevancia de las formas locales de poder y conocimiento, vinculadas al enfoque territorial desarrollado en los años 90 en la región.
- Las propuestas para superar la dependencia se vinculan con la naturaleza de los problemas identificados: frente a la dependencia económica, se proponen estrategias de diversificación económica; ante la dimensión política de la dependencia, se sugieren mejoras en la gobernanza; ante la necesidad de modular la intensidad de la extracción, se presenta la posibilidad de las transiciones postextractivistas.
El concepto de ‘dependencia’ ha servido para explicar algunos de los problemas que dificultan la vía al desarrollo de aquellos países que han optado por la explotación de la riqueza minera. La dependencia se ha definido habitualmente, en términos económicos, como subordinación del crecimiento al mantenimiento de un alto nivel de ingresos fiscales y exportaciones procedentes de la actividad extractiva. En ese sentido, las características cíclicas de los precios de los minerales y de la inversión en el sector dificultan la estabilidad necesaria para consolidar el desarrollo y los avances sociales.
Por otro lado, desde hace algunas décadas, también se ha estudiado cómo la actividad extractiva afecta algunos factores políticos e institucionales que, a su vez, obstaculizan procesos de desarrollo inclusivo. Ya no se trata solo de que la falta de instituciones estables e inclusivas dificulte la transformación de la riqueza mineral en bienestar, sino que la propia actividad extractiva tiende a configurar pactos políticos y diseños institucionales que no propician dicha transformación.
En los últimos veinte años, han emergido con fuerza otras dos dimensiones que enriquecen el concepto de dependencia: la ecológica y la cultural. De este modo, la experiencia de los territorios directamente afectados por la extracción pone en relieve la existencia de una dependencia de la trayectoria (path dependency). Esto quiere decir que la actividad extractiva transforma tanto la configuración física de esos territorios como la cotidianidad de la población, genera conflictos múltiples y entorpece la diversificación de actividades.
Finalmente, las soluciones propuestas para estos problemas tienden a centrarse en una rigurosa gestión económica, el fortalecimiento institucional, el aumento de la transparencia y la participación ciudadana, así como políticas corporativas más sensibles a temas sociales y medioambientales. Si bien la mejora de todos esos factores es imprescindible para aumentar las probabilidades de que la actividad extractiva contribuya al desarrollo sostenible e inclusivo, se olvida con frecuencia que la intensidad de la extracción es un factor esencial.
No hay que olvidar que el número de operaciones en un espacio geográfico, su tamaño y la intensidad de la extracción son variables clave que deben tomarse en cuenta. Porque solo modulando la intensidad de la extracción para ajustarlas a las condiciones institucionales, políticas, sociales, ecológicas y culturales de los países y de las localidades ricas en recursos, será posible que la actividad extractiva genere beneficios colectivos, evitando sacrificar países, territorios o grupos humanos.