Ambiciosos objetivos climáticos de México plantean pregunta: ¿Son de verdad?
En entrevista con EcoAméricas, Fernanda Ballesteros señala que Pemex debe ser central en la estrategia climática de México. "El gobierno debería utilizar su influencia para alinear al gigante petrolero estatal con los objetivos climáticos nacionales, incorporando medidas explícitas de transición justa en las operaciones de la empresa".
México se ha fijado la ambiciosa meta de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en más de un tercio en la próxima década, pero esta promesa contradice la lealtad del gobierno al sector estatal de petróleo y gas y a la empresa eléctrica estatal, gran consumidora de combustibles fósiles, señalan expertos en clima y energía.
En noviembre, en la conferencia climática COP30 de las Naciones Unidas celebrada en Brasil, México se comprometió a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a entre 364 y 404 megatones (Mt) de dióxido de carbono equivalente para 2035 y alcanzar cero emisiones netas para 2050. Recogidos en un documento que describe la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de México a la lucha mundial contra el cambio climático, los nuevos objetivos destacan a primera vista por su ambición en comparación con los de muchos otros países que se encuentran entre los 20 principales emisores de gases de efecto invernadero. En conjunto, los países del mundo se han comprometido a reducciones de gases de efecto invernadero mucho menores que las necesarias para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados.
Sin embargo, los expertos afirman que el nuevo objetivo de emisiones de México es imposible a menos que el país deje de promover la producción estatal de combustibles fósiles, incremente la producción de energías renovables, aumente significativamente su flota de vehículos eléctricos y amplíe la captura de carbono. “No veo cómo se pueda lograr esto”, dice Oscar Ocampo, director de desarrollo económico del Instituto Mexicano para la Competitividad en Ciudad de México. Los nuevos objetivos no son vinculantes, señala, y añade: “Son palabras vacías”.
Uno de los diez principales contaminadores
México produce el 1.5% de los gases de efecto invernadero del mundo, lo que lo sitúa entre los diez principales contaminadores climáticos mundiales y en el segundo en América Latina. Las emisiones del país siguen aumentando, aunque a un ritmo más lento de lo que habría sido en ausencia de medidas de reducción de emisiones. Las emisiones netas (emisiones totales menos las absorbidas por “sumideros” como los bosques) llegaron a 574 Mt de dióxido de carbono equivalente en 2024, según un inventario publicado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático de México.
Según la nueva NDC, los sectores que emiten más gases de efecto invernadero harán los mayores recortes, empezando por el transporte y la generación de electricidad, que representan el 42% de las emisiones. Al mismo tiempo, el gobierno se ha comprometido a reducir la deforestación en México —que en los últimos años ha ascendido al menos a 125,000 hectáreas al año— a cero para 2035, aumentando así la capacidad del país para absorber dióxido de carbono.
Sin embargo, los expertos se muestran escépticos. Por un lado, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, climatóloga, se ha comprometido a impulsar la producción de energía renovable, que la aleja de la aversión a la energía verde de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador. La NDC exige que la producción de energía “limpia” crezca del 24% actual de la generación eléctrica al 43% en una década. Por otro lado, Sheinbaum también ha extendido la lealtad de López Obrador a la petrolera estatal, Petróleos Mexicanos (Pemex), y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la empresa eléctrica estatal de México, cuyas actividades en conjunto representan más de una cuarta parte de las emisiones de México.
El gobierno sigue anteponiendo la supervivencia de Pemex a sus prioridades ambientales, sostienen los expertos, al presupuestar US$14 mil millones este año para ayudar a pagar la deuda de la empresa y aprobar planes para aumentar la fracturación hidráulica, o fracking.
Este apoyo a las industrias con uso intensivo de carbono cuenta con respaldo legislativo. Las reformas aprobadas en marzo por el Congreso mexicano aseguran que el 54% de la electricidad de la red será generada por la CFE, cuyas centrales eléctricas dependen en gran medida de combustibles fósiles. Las reformas convirtieron a Pemex y a la CFE en empresas públicas y otorgaron al gobierno mayor control sobre la regulación y transmisión de energía, un cambio preocupante para los inversionistas en energía eólica y solar, que actualmente generan el 12% de la energía de México.
La sombra de Pemex
Al promover simultáneamente las energías renovables y apoyar a Pemex y a la CFE, la presidenta busca “tener un poco de las dos cosas”, afirma Fernanda Ballesteros, gerenta de país del Natural Resource Governance Institute (NRGI) para México (organización independiente sin fines de lucro que apoya la toma de decisiones informada e inclusiva sobre los recursos naturales y la transición energética).
En cambio, afirma Ballesteros, el gobierno debería utilizar su peso financiero sobre Pemex para exigir reformas drásticas y recortes agresivos en las emisiones de metano causadas por la quema de gas. El gigante petrolero se comprometió el año pasado a reducir sus emisiones de metano en un 30% para 2030, detener la quema rutinaria de gas y operar como una empresa con cero emisiones netas para 2050. Sin embargo, en reducción de emisiones, Pemex va a la zaga de otras petroleras estatales, dice Ballesteros, y está de hecho definiendo la agenda climática de México. “Esto envía un mensaje realmente muy fuerte y desafortunado”, añade.
Mientras tanto, la promesa de la NDC de reducir las emisiones en el sector del transporte pareció algo vacía después de que el gobierno decidiera imponer aranceles del 50% a los automóviles fabricados en China a partir de enero, señalan los expertos. China fabrica aproximadamente una décima parte de los automóviles nuevos vendidos en México, la mayoría eléctricos.
Algunos de los objetivos que México anunció en Brasil fueron compromisos reiterados de hace un año o más. El compromiso de alcanzar deforestación neta cero se anunció ya en 2015, dice Anaid Velasco, jefa de investigación y políticas públicas del Centro Mexicano de Derecho Ambiental en Ciudad de México. “Es una meta que han estado repitiendo, repitiendo y repitiendo”, afirma Velasco.