De la investigación a la política pública: cómo el aprendizaje Sur-Sur está apoyando a los países productores a convertir la política minera en práctica
"Cada país es distinto, pero tenemos las mismas preguntas"
Esta reflexión de una participante en el segundo encuentro internacional de la Plataforma de Aprendizaje Sur-Sur sobre Minerales de Transición de NRGI (puedes leer más sobre el primer encuentro aquí), realizado en distintas regiones de Chile del 30 de junio al 3 de julio de 2026, en colaboración con la Universidad de Chile, resume una realidad que hoy enfrentan muchos países productores de minerales de ingresos bajos y medios.
Los gobiernos que buscan fortalecer la gestión de los minerales para la transición suelen mirar hacia afuera en busca de ejemplos. Sin embargo, algunas de las lecciones más útiles no vienen de países con contextos políticos e institucionales muy distintos, sino de pares que enfrentan muchas de las mismas oportunidades, restricciones y desafíos de política pública. Esa idea es el corazón de la Plataforma de Aprendizaje Sur-Sur sobre Minerales de Transición, una iniciativa convocada por el Natural Resource Governance Institute (NRGI) con el apoyo de The Rockefeller Foundation. El programa reúne a reprresentanets del gobierno de Chile, la República Democrática del Congo (RDC), Indonesia y Zambia junto con socios de investigación en cada región: la Universidad de Chile, que fue sede de este encuentro, el African Centre for Energy Policy, que acompaña a las cohortes de la RDC y Zambia, y la Universitas Gadjah Mada de Indonesia. La Plataforma les da a los países productores la oportunidad de poner a prueba sus ideas entre sí mientras abordan una de las preguntas centrales de la transición energética: ¿cómo puede la riqueza mineral ayudar a construir sociedades más inclusivas, resilientes y prósperas?
El encuentro en Chile se diseñó para llevar las ideas por un camino deliberado, desde la investigación en papel hasta la implementación. A lo largo de la semana, ese camino pasó por cinco etapas: investigación nacional preparada de antemano, debate entre pares que la puso a prueba, visitas de terreno que la aterrizaron, planificación de la implementación y una comunidad de práctica que convierte las ideas en acción. El encuentro se centró en dos prioridades que las propias cohortes de países identificaron. La primera analizó cómo los gobiernos pueden traducir sus ambiciones de industrialización basada en minerales en estrategias coherentes y medidas prácticas. La segunda exploró cómo sistemas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) más sólidos pueden ir más allá del cumplimiento normativo para generar mejores resultados de desarrollo.
Los participantes llegaron con investigaciones en curso y usaron la semana para cuestionar supuestos, comparar enfoques y afinar su pensamiento.
1. Empezar en el papel: la investigación nacional
El encuentro se construyó a través de seis meses de investigación colaborativa dentro de cada cohorte de país. Chile ha estado analizando cómo desarrollar una visión nacional de largo plazo para los minerales de transición que se mantenga coherente entre distintas administraciones políticas, y cómo los beneficios económicos pueden ayudar a estructurar una agenda de desarrollo. Zambia está explorando cómo atraer inversión hacia las industrias aguas abajo y no solo hacia la extracción. Indonesia está pensando en la siguiente fase de su agenda de downstreaming, mientras que la RDC analiza cómo la coordinación institucional y las políticas de contenido local pueden apoyar mejor el desarrollo industrial.
Aunque los contextos eran distintos, muchas de las preguntas de política pública de fondo resultaron sorprendentemente parecidas.
Pero la investigación preparada de antemano solo se pone a prueba cuando los pares empiezan a cuestionarla. Las discusiones se centraron en por qué surgen enfoques distintos, qué compensaciones implican y qué elementos podrían adaptarse a otros contextos. Esa distinción marcó el tono de la semana: el objetivo no era encontrar una fórmula única, sino mejorar la toma de decisiones nacional a través del contraste.
2. Poner a prueba los supuestos sobre la agregación de valor
Una de las discusiones más reveladoras de la semana giró en torno a la agregación de valor y los encadenamientos económicos.
El pensamiento convencional suele asumir que los países deben avanzar gradualmente en la cadena de valor, desarrollando una etapa antes de invertir en la siguiente. La cohorte de Indonesia cuestionó ese supuesto y explicó por qué su gobierno decidió impulsar varias etapas a la vez, de manera deliberada. Su argumento era que desarrollar distintas partes de la cadena de valor en paralelo podía estimular la demanda, sostener el impulso político y dar flexibilidad frente a la evolución de los mercados globales.
La discusión no buscaba determinar qué enfoque era el "correcto". Más bien exploró las condiciones políticas, institucionales y de mercado que hacen viables distintas estrategias. La lección más amplia fue que una política de cadena de valor exitosa no se puede simplemente trasplantar de un país a otro: tiene que responder a las circunstancias nacionales.
La experiencia de Chile abrió una discusión complementaria. Los participantes analizaron cómo el desarrollo de proveedores, los costos de procesamiento y la demanda de mercado determinan qué es viable económicamente y qué es estratégicamente importante, desplazando la conversación desde si los países deberían perseguir la agregación de valor hacia la pregunta más difícil: qué partes de la cadena de valor generan valor bajo determinadas condiciones.
También surgieron similitudes inesperadas. Pese a tener historias y entornos de política muy distintos, Chile y Zambia se encontraron lidiando con muchas de las mismas preguntas sobre capacidad de fundición y procesamiento de minerales. Estos momentos de convergencia reforzaron el valor de reunir a los países productores, no porque sus circunstancias sean similares, sino porque sus dilemas de política a menudo lo son.
3. De los estándares a los sistemas: el ESG como desafío de gobernanza
Ese mismo énfasis en la resolución práctica de problemas marcó las discusiones sobre temas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG).
En lugar de tratar el ESG principalmente como una cuestión de estándares, los participantes se enfocaron en la implementación. Una discusión exploró si los países productores podían comparar cómo las mismas empresas mineras multinacionales aplican sus compromisos ESG en distintas jurisdicciones. Otra analizó el sistema de trazabilidad SIMBARA de Indonesia (que reúne datos de toda la cadena de suministro mineral en una sola plataforma de gobierno) y cómo una coordinación más fuerte entre entidades públicas puede mejorar la transparencia, la gestión de ingresos y la rendición de cuentas. Estas conversaciones también ampliaron el debate: en vez de preguntarse solo cómo minimizar los daños ambientales y sociales, los participantes pensaron en cómo la gobernanza minera puede impulsar activamente economías locales más fuertes, mejores oportunidades de empleo e instituciones públicas más resilientes.
A esta altura, la atención se había movido hacia un nuevo grupo de preguntas prácticas: ¿cómo deberían los gobiernos evaluar estas políticas a lo largo del tiempo? ¿Cómo pueden coordinar a las instituciones responsables de hacer cumplir el ESG? ¿Cómo pueden los países productores cooperar entre sí en materia de trazabilidad y producción responsable? Las discusiones dejaron menos respuestas definitivas que buenas preguntas, una señal de que el aprendizaje comparado estaba afinando el pensamiento de política pública, no simplificándolo. Pero todo esto seguía siendo una conversación alrededor de una mesa, construida sobre documentos de política y presentaciones. Ahí es donde el siguiente paso se volvió importante.
5. Construyendo una comunidad que convierte las ideas en práctica
Quizás el resultado más importante del encuentro no fue una nueva recomendación de política, sino las relaciones que siguieron desarrollándose entre las cohortes de países.
Después de meses trabajando juntos, los funcionarios han ido mostrando más disposición a compartir ideas sin terminar, cuestionar los supuestos de los demás y poner a prueba propuestas antes de implementarlas en sus países. Varios de los debates que comenzaron en Santiago, o en el primer encuentro en Indonesia, ya están alimentando versiones revisadas de los documentos de país, y seguirán haciéndolo a medida que la Plataforma avanza hacia su próxima etapa.
El encuentro de Santiago no produjo una hoja de ruta única para la gobernanza de los minerales de transición, ni era ese su propósito. Su valor estuvo en algo más práctico: darles a quienes hacen política la oportunidad de cuestionar sus propios supuestos junto a pares que enfrentan desafíos parecidos.
Ese intercambio ahora se está ampliando. En la Climate Week NYC de septiembre, la Plataforma reunirá a quienes hacen política y a investigadores de las cuatro cohortes de países junto a sus contrapartes internacionales. Más adelante este año, las cohortes se reencontrarán en Zambia con un mayor énfasis en la implementación, para examinar cómo los aprendizajes comparados pueden traducirse en políticas que respondan a las realidades de cada país.
En un ámbito donde ningún país ha encontrado todavía un modelo definitivo de éxito, ese tipo de resolución comparada de problemas puede llegar a valer más que la simple búsqueda de mejores prácticas.
Authors
Matteo Molineris
Capacity Development Officer
María Paz González
Chile Senior Program Officer