Santa Marta: progreso real y una brecha que no puede ignorarse
Esta semana, los Gobiernos de Colombia y Países Bajos organizaron la primera conferencia global para la transición más allá de los combustibles fósiles, que concluyó con avances reales, pero también con una ausencia crítica. La conferencia de Santa Marta puso en la agenda con más claridad múltiples perspectivas de los países productores del Sur Global, las comunidades locales en lo subnacional y lo que está en juego para las poblaciones en las transiciones energéticas. Sin embargo, en una omisión significativa, las empresas petroleras estatales (NOC, por sus siglas en inglés) no estuvieron presentes ni fueron discutidas al nivel requerido dada su relevancia en la transición más allá del petróleo y gas.
Las NOC ya producen más de la mitad del petróleo y gas del mundo (y se espera que esa proporción aumente), y constituyen uno de los pilares económicos de muchos países productores; no incluirlas, ni abordar las barreras y soluciones para su transformación, debilita la posibilidad de desarrollar hojas de ruta que permitan transiciones justas, ordenadas y equitativas.
Una delegación de NRGI estuvo presente, y estaremos compartiendo análisis más detallados en las próximas semanas. Hoy presentamos algunas de nuestras principales reflexiones:
Por primera vez, las realidades de los países productores del Sur Global fueron el centro
"Santa Marta abrió una conversación importante sobre lo que está en juego para los países productores del Sur Global, independencia energética, menor inestabilidad, desarrollo más inclusivo y equitativo, e incorporó voces que generalmente están ausentes, como los gobiernos subnacionales”, afirmó Ana Carolina González, Directora Senior de Programas y Directora para América Latina de NRGI.
Por primera vez, un importante foro internacional puso en el centro del debate de la transición las realidades que afectan a las comunidades en los países productores del Sur Global: la dependencia fiscal de los ingresos del petróleo y el gas, la inestabilidad derivada de la volatilidad de los precios y lo que se necesita para garantizar que la transición funcione para las personas más afectadas.
Es importante que los gobiernos subnacionales hayan tenido un lugar en la mesa. En muchas regiones productoras de petróleo, la transición no es una preocupación del futuro: ya está sucediendo. Donde las regalías representan entre el 70% y el 80% de los presupuestos locales, una caída en la producción puede traducirse en colegios con menos docentes, carreteras sin mantenimiento y trabajadores enfrentando un futuro incierto. Estas son comunidades que menos han contribuido a la crisis climática, y por ende, no deberían ser quienes asuman sus costos.
El conflicto en Medio Oriente ha impulsado aumentos en los precios del petróleo y generando preocupaciones sobre la seguridad energética, la crisis actual refuerza el argumento a favor de una transición ordenada. Como señaló González: “Para los gobiernos productores, los precios altos pueden generar presión para redoblar la inversión en combustibles fósiles. Pero la volatilidad no es estabilidad y las ganancias de corto plazo no son una estrategia de largo plazo. La ventana para planificar una transición ordenada está abierta: la pregunta es si los gobiernos la aprovecharán”.
Empresas petroleras estatales (NOC): una pieza ausente
Las conclusiones de los coanfitriones señalaron que los participantes “destacaron la importancia de señales políticas claras y de la planificación a largo plazo, incluyendo estrategias más claras para las empresas estatales”. En la rueda de prensa final, en respuesta a una pregunta de Lucas Parolin de Argus Media, la ministra de Minas y Energía de Colombia, Irene Vélez Torres, reconoció que las NOC “deben ser parte de la hoja de ruta, porque allí es donde ocurre la producción. Esperamos que los países reflexionen sobre cómo sus propias empresas deben ser incluidas y que establezcan metas de transición”.
Estas son señales positivas. Sin embargo, reconocer que las NOC necesitan estrategias más claras no es lo mismo que incorporarlas como actores esenciales, y la brecha entre un reconocimiento limitado y una inclusión significativa es donde la planificación de una transición creíble puede fallar.
“Las NOC no son actores periféricos”, afirma González. “Producen más de la mitad del petróleo y gas del mundo, y se proyecta que esta proporción aumente al 62% para 2050. Son la columna vertebral económica de muchos países productores. El siguiente paso debe ser incorporarlas como socios esenciales en cualquier hoja de ruta de transición creíble”.
En muchos países productores, las NOC sostienen los presupuestos nacionales, el empleo, los servicios públicos y la estabilidad económica local. En Colombia, solo Ecopetrol aportó en 2023 alrededor del 11% del presupuesto nacional, más de lo que el país destinó al sector educativo en el mismo año. Pemex emplea directamente a más de 128.000 personas, y el petróleo domina la economía de estados como Campeche, donde representa la gran mayoría de la actividad económica local. En Ghana, las exportaciones de petróleo representan hasta el 28% de los ingresos totales por exportaciones.
Alrededor de 400.000 millones de dólares en inversiones planificadas por las NOC entre 2023 y 2032 podrían no ser rentables si la demanda cae de acuerdo con los compromisos climáticos. En algunos países, más del 80% de las inversiones previstas están en riesgo. Dejar a las NOC por fuera de la planificación de la transición no las protege, ni tampoco a las economías que dependen de ellas; ello implicaría que los riesgos se acumulen sin una estrategia para gestionarlos. El informe reciente de NRGI, NOC Transformation: Strategic Choices for an Uncertain Energy Future, ofrece un marco práctico sobre cómo gobiernos y NOC pueden afrontar este momento de manera conjunta.
¿Qué sigue?
La nota de conclusiones de los coanfitriones de Santa Marta reconoce que “estrategias más claras para las empresas estatales” (incluidas las NOC) son importantes para la planificación de la transición a largo plazo. Las conclusiones de Santa Marta alimentarán ahora la COP31, con la presidencia de la COP30 de Brasil comprometida a construir sobre estos resultados en la hoja de ruta que presentará en la próxima conferencia climática anual de la ONU (COP31) en Turquía. El informe de hoja de ruta de la presidencia de la COP30 de Brasil no puede dejar a las empresas petroleras estatales al margen. Además, debemos asegurar que los espacios que realmente centran las necesidades de las comunidades más expuestas a la transición se conviertan en la regla, y no en la excepción. El camino por delante es largo, pero el rumbo es más claro, y Santa Marta contribuyó a impulsarlo.