México como "reexportador" de gas estadounidense: ¿valen la pena los beneficios frente a los riesgos?
Voces influyentes en Estados Unidos y México promueven la idea de "reexportar" gas estadounidense a través de México. Los planes contemplan la construcción de hasta quince plantas en las costas del Atlántico y el Pacífico, que licuarían el gas transportado por gasoductos desde Texas para enviarlo a compradores extranjeros. Algunos afirman que estos proyectos ayudarán a "revitalizar la infraestructura energética nacional, fortalecer las economías locales y reducir el impacto ambiental (al tiempo que) refuerzan el papel de México en el suministro energético internacional".
En nuestra publicación anterior, analizamos las perspectivas de éxito de estos proyectos, considerando la incierta demanda global de gas y los retrasos en México. Ahora nos preguntamos: incluso si se lograra construir toda la infraestructura necesaria, ¿debería México profundizar su ya riesgosa dependencia del gas estadounidense?
Concluimos que los beneficios de las reexportaciones podrían verse superados por graves riesgos y costos que merecen un debate más abierto y basado en evidencias.
Beneficios públicos inciertos y modestos
Los proyectos de reexportación podrían ser lucrativos para los productores de gas en Texas, las empresas que transportan, licúan y embarcan gas natural licuado (GNL) desde México, los importadores de gas en otros países y los financiadores de dichos proyectos. Sin embargo, para el Estado mexicano y su población, los principales beneficios potenciales serían los siguientes:
Ingresos públicos poco claros: Los operadores de terminales de GNL en México pagarían al gobierno federal impuesto sobre la renta (ISR), impuestos de nóminas, derechos portuarios y de procesamiento de gas, así como cuotas únicas por permisos y trámites aduaneros. Los gobiernos estatales y municipales podrían cobrar sus propias cuotas, especialmente por permisos e impuestos prediales. No obstante, es difícil predecir montos específicos, ya que el gobierno federal no ha revelado, ni siquiera de forma general, cuánto espera obtener de las reexportaciones. El único proyecto en operación hasta ahora, Altamira FLNG 1, no divulga lo que paga a México. Los montos que cada proyecto pagaría dependerían, en última instancia, de su éxito financiero y de las utilidades que declare en México.
La Comisión Federal de Electricidad (CFE), la empresa eléctrica estatal, también podría obtener ingresos al suministrar gas importado a las nuevas terminales de GNL. Sin embargo, sus proyecciones actuales parecen poco realistas. Por ejemplo, la CFE ha afirmado que espera obtener una ganancia neta de 500 millones de dólares en 15 años al abastecer de gas a Altamira FLNG 1 a través del gasoducto South Texas-Tuxpan, en el cual tiene capacidad contratada. Este cálculo supone que la planta utilizará el 100% del gas que la CFE acordó suministrar y que todas las exportaciones de GNL resultantes se cotizarían con el precio spot de referencia para Asia, el JKM. En realidad, la mayoría de los cargamentos de Altamira FLNG 1 hasta ahora han ido a países del Caribe, como Puerto Rico, las Islas Vírgenes de Estados Unidos y Jamaica, no a Asia. La CFE no ha divulgado sus ingresos reales por el suministro de gas a Altamira FLNG 1.
- Empleos limitados: Las plantas de licuefacción no son intensivas en mano de obra, especialmente una vez construidas. New Fortress Energy, desarrollador de Altamira FLNG 1, no publica sus cifras de empleo. Estimamos, utilizando datos de proyectos similares en Estados Unidos y Perú, que cada nueva terminal mexicana pequeña o mediana emplearía directamente a aproximadamente 3 mil personas durante la construcción y solo entre 100 y 200 una vez operando. Los mexicanos podrían ocupar la mayoría de los puestos, a excepción de algunos roles altamente especializados. Otros empleos indirectos —en producción de gas, banca y seguros, por ejemplo—, se generarían principalmente en Estados Unidos.
- Infraestructura en cantidades variables: Algunas terminales mexicanas de GNL requerirían nuevos gasoductos extensos, un desafío importante descrito en nuestra publicación anterior. Para un número reducido de los proyectos propuestos, construir exitosamente nuevos gasoductos podría agregar capacidad y flexibilidad a la red existente en México, facilitando mantener el flujo de gas durante interrupciones en el suministro. No obstante, la mayoría de los proyectos tendrían el efecto contrario: la flexibilidad y la capacidad de reserva disminuirían conforme las nuevas terminales de exportación compitieran con los consumidores de gas del sector eléctrico y la industria, e incluso entre sí. Más allá de los gasoductos, los propietarios de algunas terminales de GNL podrían tener que construir nuevas líneas eléctricas y caminos que las comunidades cercanas podrían aprovechar, mientras que otros dependerían de la infraestructura existente y harían contribuciones sociales menores. En el caso de ECA LNG, el segundo proyecto más grande de reexportación de México actualmente en construcción en la costa del Pacífico, el desarrollador afirma que proporcionará a los vecinos un parque público remodelado, nuevos semáforos y algunos vehículos donados.
Graves riesgos potenciales
Las posibles desventajas de estos proyectos son significativas:
Inseguridad energética: Con frecuencia se promociona el GNL como una forma de aumentar la seguridad energética, pero la alta dependencia de México del gas estadounidense para su propio consumo ya representa un riesgo. ¿Qué pasaría si los proveedores en Texas comenzaran a enviar más gas del que producen a otros destinos? México solía comprar dos tercios de todo el gas exportado por Estados Unidos; hoy adquiere aproximadamente una cuarta parte. Las centrales eléctricas estadounidenses y las enormes nuevas terminales de exportación de GNL en la Costa del Golfo están consumiendo una porción mayor del total, con planes para construir aún más. Reexportar gas estadounidense a través de México crearía una demanda adicional y competitiva, lo que podría dejar al país expuesto a escasez de gas. Esto podría llevar al sistema eléctrico de México a una crisis, como sucedió durante la tormenta invernal Uri en 2021. Los riesgos podrían intensificarse durante períodos de escasez global de gas, especialmente si compradores extranjeros desesperados ofrecieran precios más altos.
Precios más altos del gas, la electricidad y otros productos: Diversos análisis del gobierno estadounidense y también independientes, han advertido que expandir las exportaciones de GNL, ya sea desde Estados Unidos o México, elevará los precios del gas y la electricidad a ambos lados de la frontera. Un conjunto complejo de factores, con fuertes variaciones regionales y temporales, ya está impulsando al alza los precios de la electricidad en Estados Unidos, siendo los costos del gas natural una parte clave de la ecuación. Estados Unidos también muestra cómo la disfunción en los mercados de GNL puede afectar los costos energéticos internos: tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, los precios del GNL se dispararon en el extranjero y elevaron los precios del gas en Estados Unidos, costando a los consumidores aproximadamente 110,000 millones de dólares en un solo año. Predecir exactamente cuánto más pagarán los consumidores mexicanos es difícil; sin embargo, los precios más altos del gas natural en Texas inevitablemente aumentarían el costo de generar energía en México. Cabe recordar que México usa gas barato para fabricar muchos productos más allá de la electricidad, incluidos fertilizantes, petroquímicos, cemento, acero, papel, plásticos, vidrio y alimentos procesados.
Impactos climáticos: Aunque el gas emite menos gases de efecto invernadero (GEI) que otros combustibles fósiles, el GNL sigue siendo altamente contaminante debido a su larga cadena de suministro, las emisiones asociadas y la potencia del metano. Las emisiones de GEI a largo del ciclo de vida del GNL varían significativamente entre exportadores, pero los proyectos en México dependerían principalmente del gas de la Cuenca Pérmica, que tiene una de las mayores intensidades de metano en el mundo. Diferentes modelos muestran que los países no pueden evitar los peores impactos del cambio climático mientras aumentan sus exportaciones de gas. Estas dinámicas son especialmente críticas para México, dada su alta vulnerabilidad al cambio climático y la limitada capacidad, recursos y poder de aplicación de su regulador ambiental (ASEA), lo que genera dudas sobre la efectividad de la mitigación del metano a medida que se expande el gas.
Daños socioambientales: Voces en México también han alertado sobre los posibles impactos locales de los proyectos de reexportación. Algunos prevén despojo de tierras y un agravamiento de los conflictos sociales alrededor de las nuevas terminales de GNL, incluso en comunidades indígenas y vulnerables. El tráfico de buques de GNL podría dañar a ballenas migratorias y otras especies marina en peligro de extinción en áreas ecológicamente sensibles como el Golfo de California, así como alterar las industrias del ecoturismo y la pesca comercial, que ya enfrentan dificultades. Todo esto se suma al daño que pueden causar los nuevos gasoductos y los impactos negativos en Estados Unidos debido al fracking. Una vez más, los datos oficiales para los proyectos mexicanos son escasos: ni el gobierno ni los desarrolladores de Altamira FLNG 1 y ECA LNG han publicado sus evaluaciones de impacto ambiental, y los estudios del gobierno estadounidense no mencionan los impactos fuera de sus fronteras.
Activos varados: Nuestra última publicación también describe cómo una ola de nuevos proyectos de exportación de GNL —muchos ya en construcción en Estados Unidos y Catar— está contribuyendo a un posible exceso de oferta en el mercado global. Este exceso de oferta, al menos temporalmente, podría deprimir los precios y ejercer presión sobre los proyectos en México, dificultando que recuperen sus inversiones al no poder vender suficiente gas para ser rentables. Algunos análisis han mostrado cómo los nuevos proyectos de GNL corren el riesgo de generar rendimientos por debajo del umbral mínimo bajo diferentes escenarios. Esto podría representar un riesgo para los potenciales proyectos de GNL en México, especialmente aquellos con costos de transporte por gasoducto relativamente más altos.
¿Impulso o trampa del poder geopolítico?
Los riesgos geopolíticos de vincular aún más a México al gas estadounidense también merecen atención. En teoría, las reexportaciones podrían alinear los intereses de ambos países y darle a México influencia en otras negociaciones, desde seguridad hasta acuerdos comerciales. Sin embargo, esto presupone que las administraciones estadounidenses actuales y futuras conducirán su política exterior de manera confiable, racional y predecible, lo cual no está garantizado. Entre las materias primas que se comercian internacionalmente, el GNL es especialmente vulnerable a los conflictos geopolíticos. La inestabilidad en lugares lejanos puede alterar rápidamente los mercados, y los líderes autoritarios pueden utilizar el suministro como arma para sus propios fines. Los países europeos y asiáticos aprendieron esto por las malas después de que Rusia invadiera Ucrania en 2022.
En NRGI continuaremos involucrándonos con este importante tema. Nuestra próxima publicación argumentará a favor de una mayor transparencia en torno a los proyectos mexicanos de reexportación.