Campeche ante el declive del petróleo: sus juventudes en el centro de las alternativas
En algunas regiones dependientes a la actividad petrolera, el declive de los hidrocarburos no se está gestionando con una estrategia planificada, sino como un proceso reactivo a la caída de la producción. Campeche ejemplifica esta realidad, y la incertidumbre que conlleva golpea con especial fuerza a su población más joven.
Ante este escenario, las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), la empresa estatal petrolera Petróleos Mexicanos (Pemex) y las universidades locales tienen un papel fundamental: no sólo deben atender las necesidades de desarrollo personal, profesional y territorial de las juventudes, sino también garantizar su participación en las decisiones que las afectan directamente.
El desafiante escenario que enfrentan las juventudes campechanas
Campeche se encuentra entre los tres estados con mayor dependencia de ingresos públicos provenientes de actividades intensivas en carbono, de acuerdo con el Índice de Finanzas Sostenibles Subnacional 2025. Al mismo tiempo, su declive petrolero es tangible: en 2025 la producción fue de 801.08 miles de barriles por día (Mbd), menos de la mitad de los barriles registrados en 2013.
El propio Plan Estatal de Desarrollo documenta una caída del Producto Interno Bruto (PIB) real del 47% entre 2004 y 2022, asociada a la disminución de la actividad petrolera. Asimismo, advierte que la recesión prolongada ha tenido efectos negativos en el empleo, ingresos fiscales e inversión.
A la vista de este panorama, la diversificación económica de la entidad es una necesidad prioritaria.
La presión sobre la inserción laboral no es un tema por resolver en el futuro: ya está ocurriendo. En 2020, los grupos de edad más numerosos en Campeche se concentraban entre los 5 y 14 años. Seis años después, parte de quienes integraban esos grupos están cerca o ya han alcanzado la edad de trabajar.
El desafío no consiste únicamente en generar alternativas antes de que los más jóvenes toquen la puerta del mercado laboral; también se debe iniciar ya un proceso de planeación que ofrezca oportunidades reales para quienes están empezando su vida profesional.
La insatisfacción de mujeres y hombres jóvenes se contrarresta involucrándolos activamente. De acuerdo con el Plan Estatal de Campeche las juventudes reportan un nivel de satisfacción con su entorno del 47%; de ahí la importancia de implementar acciones que incorporen sus intereses en la toma de decisiones a nivel local.
A fin de cuentas, solo podrán surgir alternativas económicas que impulsen el desarrollo equitativo del estado si los esfuerzos emprendidos involucran a amplios sectores de la población, y en ese sentido las juventudes deben involucrarse en el trabajo que moldeará el futuro de su entorno.
La participación juvenil como antídoto para el desencanto político
Que el 48.5% de las juventudes no se sientan representadas por quienes ocupan cargos de elección popular en Campeche nos invita a reflexionar sobre una probable desconexión entre las prioridades de una parte significativa de este sector y los proyectos políticos que se implementan.
Esta falta de identificación con los actores políticos abre interrogantes clave: ¿de qué manera una mayor participación e involucramiento de las juventudes en la planeación del desarrollo estatal podría lograr que sus visiones estuvieran mejor representadas?
La voluntad de ser sujetos activos existe. Casi un 80% de las infancias y juventudes campechanas que respondieron la última Encuesta Infantil y Juvenil considera que ejercer su derecho a la participación es importante para resolver problemas colectivos.
Identificar sus aspiraciones sobre el futuro de su comunidad y las formas con que desean involucrarse es uno de los primeros pasos para construir escenarios de diversificación económica que distribuyan beneficios de manera equitativa y, al mismo tiempo, abran paso a nuevas realidades.
Por eso, llevar sus experiencias, esperanzas y preocupaciones a espacios de incidencia es valioso y necesario.
Desde el NRGI apoyamos la participación de juventudes que viven en las regiones productoras en las Conferencias de la Juventud sobre Cambio Climático, espacios organizados a nivel nacional, regional e internacional en los que se generan propuestas para incidir en la política climática del país, del continente y del mundo.
El resultado. Por primera vez, el Posicionamiento Nacional Juvenil incluye propuestas para procesos de transición energética justa que consideran el caso de estas zonas.
Un llamado a incluir a las juventudes
En los ámbitos internacional, nacional y local existen distintos instrumentos que pueden generar espacios para que las juventudes participen e incidan en la planificación de la transición energética.
A nivel internacional, la NDC ofrecen una ventana de oportunidad relevante.
Aunque se trata de planes de implementación nacional, dentro de las negociaciones climáticas internacionales existen mecanismos que permiten dar seguimiento transparente a su avance, en el marco del compromiso con las metas globales.
Estos ejercicios de transparencia constituyen una vía, desde lo internacional, para darle seguimiento las medidas que adoptan los países, especialmente aquellos que requieren —y se benefician— de la participación juvenil.
México, en su actualización más reciente, incorporó un componente transversal sobre justicia intergeneracional y transición justa hacia una economía sostenible. Entre las medidas incluidas destacan la promoción de espacios de diálogo intergeneracionales y la toma en consideración de las generaciones futuras en las decisiones del presente.
Ambas pueden aplicarse en favor de la transición energética, en particular en los procesos de decisión sobre nuevos proyectos de inversión en las entidades productoras de petróleo.
Asimismo, la NDC contempla el desarrollo de un Plan Nacional de Transición Laboral, que incluye una estrategia para generar empleo verde y digno en sectores clave. Será fundamental que esa estrategia se implemente con acciones focalizadas en las juventudes de los estados del Golfo, de modo que puedan acceder a la vinculación laboral necesaria para desarrollarse profesionalmente en su propio estado, más allá de la industria petrolera.
A nivel nacional, por tanto, resulta pertinente que se involucren actores clave del sector energético, como la Secretaría de Energía y Pemex.
La NDC plantea —de forma general y sin detallar sectores— impulsar la capacitación y la reconversión laboral de las industrias más contaminantes.
En sintonía con esta medida, Pemex también puede jugar un papel relevante al incorporar una planificación proactiva de la transición laboral, a través de programas de recualificación que preparen a sus trabajadores para los sectores emergentes, con una inclusión deliberada de mujeres y juventudes. Además, la apertura de Pemex hacia nuevas líneas de negocio relacionadas con la transición energética podría ser una vía para incorporar el talento local joven de estas entidades. Para ello, la empresa podría actuar como aliada en la construcción de programas de formación y vinculación profesional, siempre diseñados e implementados con la participación juvenil.
A nivel subnacional, las universidades locales juegan un rol estratégico. Por un lado, son el principal espacio de formación del talento disponible en estos estados. Su oferta académica debe adaptarse para responder a los grandes retos locales, como el declive petrolero.
Es el caso de la Universidad Tecnológica de Campeche, que reconoce la necesidad de actualizar sus carreras para alinearlas con las nuevas demandas de la región. Por otro lado, las universidades pueden tener un papel clave a la hora de identificar nuevas áreas de desarrollo económico acordes con las capacidades y necesidades locales, y generar evidencia sobre problemáticas y facilitar la articulación entre actores para la toma de decisiones.
En ambos roles, pueden convertirse en espacios donde las juventudes se organicen e incidan colectivamente en el rumbo de la transición energética, más allá de las oportunidades laborales.
NRGI reconoce que la transición energética no es una sola, sino múltiples transiciones, y cada región la vive de manera distinta según sus realidades económicas, políticas y sociales. En las regiones petroleras, como Campeche, el declive petrolero ya es una realidad que exige repensar la gobernanza de los recursos a nivel subnacional.
En el marco de nuestro 20º aniversario, bajo el lema Transformar la gobernanza para una nueva era, apostamos por que las juventudes y la multiplicidad de actores de estas entidades—gobiernos subnacionales, universidades, y más— participen en las decisiones sobre su futuro. Ninguna transición será justa si se decide sin ellos.
Authors
Fernanda Ballesteros
Mexico Country Manager
Brenda Rodríguez
Mexico Program Associate